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Viaje a los tiempos del trueque


Era un Paco Martínez Soria actualizado, sin boina pero la misma mirada ruda, las cejas más bien pobladas, dos erres en la mirada, mentón al cubo. Su maleta y él tomaron mi taxi en la estación de autobuses. Ya su asiento sacó un papelico arrugado con su destino: la casa de su hijo Juan.

- Mi Juan prosperó, pero yo soy más de pueblo. Los atascos y los humos son cosa del demonio, con perdón – me dijo bien avanzado el trayecto.

El caso es que al llegar a su destino, con el taxímetro marcando 11,85€, echó mano a su cartera y sólo encontró 10€.

- Ay, madre. Olvidé los dineros en la mesilla. ¿Y ahora qué hacemos? Si se espera un momento llamo a mi hijo, que vive justo ahí, y él se ocupa.

- No se apure, buen hombre. Déme esos 10€ y asunto zanjado – le dije.

- Ni hablar. Si el aparato dice que 11,85, pues que así sea.

- Olvídelo. De veras.  

- Al menos déjeme darle algo a cambio…

Dicho esto el hombre abrió su maleta, sacó una ristra de morcillas envueltas en papel de estraza y, con una pequeña navaja que llevaba en el bolsillo, cortó un par de piezas y me las tendió.

- Tome, majo. Un par de morcillas de Burgos, Burgos. Lo mejor del mundo, vamos.

- No es necesa…

- ¡Insisto! Cómaselas a mi salud. Se deshacen en la boca.

Acepté su regalo y se marchó.

……………………………………….

Asocié aquel noble gesto suyo a los tiempos del trueque, antes del puto dinero, cuando cada cual aportaba lo que tenía a cambio de lo que necesitara del otro. En un difícil ejercicio de introspección comencé a imaginar cómo sería aplicarlo a nuestros tiempos.

Llevarte a la calle Tal a cambio de un bidón de gasolina, o por dos kilos de peras de tu  peral. O por un abrazo sentido en momentos de extrema necesidad, o yo le ayudo a tu hijo con las matemáticas y tú me arreglas el grifo que gotea. Si así sucediera nos veríamos obligados a saber hacer algo, a buscar nuestra propia finalidad: ¿para qué sirvo?, ¿qué se me da bien hacer? ¿soy mañoso con los trabajos manuales o tiendo al esfuerzo intelectual o a la sublimación artística? Cada cual, en fin, se sentiría verdaderamente realizado, insertado en el engranaje de este mundo. 

Y tú me dirás: Esto no podría funcionar en una sociedad como la nuestra.

Y yo te diré: ¿Acaso nuestra sociedad funciona?


Por nilibreniocupado
Fuente: Viaje a los tiempos del trueque
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